La elección de esta semana en Nueva York cerró con una sorpresa contundente: Zohran Mamdani, candidato socialista y acusado de antisemitismo por sus detractores, será el próximo alcalde de la ciudad más grande de Estados Unidos. Mamdani, prácticamente desconocido hace un año, logró el 50% de los votos, un resultado que sacude la política local y nacional.
La victoria de Mamdani llega tras una jornada electoral que muchos interpretan como un referéndum sobre Donald Trump, aunque no por las razones clásicas. Trump, que ya no estaba en las boletas, sigue siendo una figura polarizadora que afecta el ánimo tanto de votantes republicanos como demócratas.
Según Kellyanne Conway, exasesora de Trump, la ausencia del expresidente en las urnas debilitó la movilización conservadora: menos votantes MAGA acudieron a las urnas y los indecisos volvieron a votar demócrata. La debilidad del “ground game” republicano favoreció a candidatos de izquierda en ciudades y estados clave.
La elección de Mamdani implica además una polémica, pues ha declarado meses atrás que la policía de Nueva York (NYPD) es “racista” y “una amenaza para la seguridad pública”, sin condenar abiertamente a grupos como Hamas, lo que ha alarmado a sectores judíos y conservadores dentro y fuera de la ciudad.
Simultáneamente, dos mujeres demócratas ganaron por amplia mayoría las gobernaciones de New Jersey y Virginia, estados que mantienen su tendencia azul, pero con resultados más contundentes que en elecciones previas. En Virginia, el nuevo Fiscal General, Jay Jones, ha generado polémica por comentarios violentos en contra de políticos republicanos.
Esta semana deja al descubierto una crisis interna en el Partido Demócrata. Los líderes de Nueva York, Chuck Schumer y Hakeem Jeffries, evitaron apoyar a Mamdani públicamente y lo rechazaron como símbolo del futuro del partido. Las divisiones sugieren dificultades para consolidar una candidatura unificada en 2026 y 2028.
Mientras tanto, la lucha en el Partido Republicano se centra en la influencia residual de Trump, cuya base es personal y difícil de transferir a otros candidatos. Aunque sus apoyos siguen siendo decisivos, ni imitaciones ni simples conexiones garantizan éxito, advierten expertos.
Los resultados en Nueva York, New Jersey y Virginia cuestionan además la capacidad de los votantes para equilibrar demandas variadas: quieren menos impuestos y más seguridad pero optan por líderes que prometen lo contrario, reflejo de una política cada vez más contradictoria y polarizada.
La pelea política en EE.UU. continúa caliente y con muchos frentes abiertos, pero lo seguro es que la era Trump sigue marcando la agenda, incluso cuando él está fuera de las papeletas.


































